
El amor y el odio se confunden.
Y, aún así, no consigo saber
si alguna vez he amado u odiado. Creo que no sé sentir.
Cuando nací era igual a mi hermano Luis. Los dos habíamos nacido con los ojos de los Enríquez como luego lo haría Mariana. Unos ojos grandes, muy verdes.
Esos ojos me perseguirían para siempre, recordándome quien era.
No sé porque m
e llamaron Rodrigo, pero creo que acertaron. Rodrigo es nombre de héroe. Por esa y por otras razones pronto fui muy diferente a mi hermano. Reconozco que llevo el mal dentro de mi, pero no me desagrada. A veces creo que no soy yo quien lo controla, que es él quien me controla a mi. Por eso soy como soy.
El amor y el odio son los únicos sentimientos que no logro entender. No conseguiré saber nunca si lo que Mariana me inspiraba era alguno de estos sentimientos. Lo único que sé es que por ella llegué a matar.

Ella me hacía enloquecer, hace lo que hacía. Ella me ha hecho ser como soy; por eso creo que es el mal, mi mal particular. Y ella hace que caiga en esta espiral.
Y, al final, mi vida entera es un espiral de amor y odio, sin saber si en realidad los siento o si es mi imaginación la que me engaña y me hace creer que los demás se fijan en mi. Sea para odiarme o para quererme.
A veces creo que nadie siente por mi, ni siquiera odio. Me crezco y me creo que puedo controlarles a todos, pero son todos los que me controlan a mi. No sería nada sin un mundo al que destruir.
Y todo vuelve a ser una espiral.
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