Es un simple pensamiento, un destello de luz.
No debo obsesionarme si quiero cumplir con mi deber (deber, deber...). Pero este amor es un eco incesante que me pide que le escuche.
Me está gritando que le mire, que le sonría, y me lo repite una y otra vez. Miguel (Miguel, Miguel...) es algo prohibido, una prueba a mi condición. Dios me prueba (me prueba, prueba...) otra vez, y prueba mis sentimientos. Parece que quiere ver como me resisto a esta tentación.
Este amor es un eco que me quema en el alma. Y cuando me quema deja gravada en mi corazón sus palabras. Esas palabras dulces que me dedica a veces y son mi único respiro (mi único respiro, respiro...)
No debería pensar ni siquiera en el simple hecho de imaginarme un futuro con él. No debería ni pensar en rozar su piel, ni en hablarle. Pero es este eco, este incesante eco (incesante eco, incesante eco...)
Algunas veces creo que es el eco de mi corazón , que me pide que le escuche (que le escuche, que le escuche...)
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