Tus ojos, mariposas que revuelven las arenas del tiempo.
Tú y yo que sufrimos, como la vida al perderse,
cuando el mismo tiempo nos roba los suspiros,
cuando mi destino se aproxima irremediable.
Nunca mis ojos negros han visto esos ojos:
tus ojos, verdes como mi tierra;
y mi tierra y mi alma te doy, por esos ojos.
Acudiría a mi destino sin temor cada amanecer,
si supiera que al día siguiente te volvería a ver.
Renunciaría a todo lo que tengo por tenerte a ti.
¿Harías tu lo mismo?
Mariana:
que mire más allá del miedo.
Tú has hecho que sienta y
me desprenda del cuerpo.
Yo te muestro mi alma y
te entrego mi corazón,
te prometo que te quedarás
y tú me das al razón.
Miguel y Mariana:
Mariposas seremos
cuando los demás nos crean polvo.
Cuando pequen los otros
por impedirnos pecar.
Miguel:
Mariposas en el tiempo,
sin tenernos que ocultar.
Mariana:
Mariposas libres
en un libre lugar.
Miguel y Mariana:
Y fundirnos en este lapso
sin pararnos a pensar.
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