jueves, 24 de marzo de 2011

Monólogo de un personaje

Nunca me había sentido especial. Sin embargo ahora lo siento porque hay alguien a quien se lo parezco. Siempre he sido el médico del pueblo, al que acuden algunos españoles (cuando no tienen un médico español a su servicio) para que cure sus heridas. A veces me he sentido un traidor por sanar esas heridas. Siempre he sabido controlarme, ser paciente y educado. He sido uno más, sin destacar demasiado, aprendiendo en silencio a respetar. Pero este nuevo sentimiento me hace sentir coses que creía dormidas en mi. Creo que se le llama amor. Nunca lo había sentido, pero ahora que lo experimento de primera mano puedo asegurar que no es un solo sentimiento. Junto al amor he sentido odio, un odio intenso que me atraviesa como un puñal el pecho. Ira, temor, fuerza, contrariedad, empatía y debilidad. El Miguel anterior está cambiando, y lo noto. Cambio al verla, cada día un poco más. Me vuelve fuerte y me descoraza al mismo tiempo. Ninguna otra mujer antes había conseguido romper esa barrera. Sus ojos me atormentan y me infunden paz, Mariana es mi más nítida inspiración. En secreto, le he escrito poemas. A veces pienso en pedirle que se marche conmigo, que olvide su deber para con su padre y el virrey, y entonces ya no hay barrera; estoy totalmente desprotegido y vulnerable, hecho a su voluntad. Y no hay más remedio que observarla y olvidarme de que nunca podrá ser mía, que no mezclará su noble sangre con alguien como yo. Viviré de sueños, hasta que crea que los sueños, sueños son.

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